Santo Domingo.– Hoy se cumplen 60 años de uno de los episodios más significativos y trascendentales de la historia contemporánea de la República Dominicana, la Revolución de Abril de 1965, un movimiento cívico-militar que marcó para siempre el rumbo democrático del país y reveló la firme voluntad del pueblo dominicano de recuperar su soberanía y libertad.
El levantamiento, que inició el 24 de abril de 1965, tuvo como objetivo principal el retorno del expresidente Juan Bosch al poder, derrocado por un golpe de Estado militar en septiembre de 1963, apenas siete meses después de ser elegido democráticamente. La acción fue liderada por un grupo de militares constitucionalistas, entre ellos el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, quienes se enfrentaron a sectores conservadores del Ejército Nacional y, posteriormente, a la intervención militar de más de 42,000 soldados de Estados Unidos.
El pueblo toma las calles
La insurrección rápidamente trascendió el plano militar y se transformó en una revolución popular. Cientos de ciudadanos, especialmente jóvenes, obreros, estudiantes y profesionales, se unieron a las filas constitucionalistas en defensa del orden constitucional y del derecho del pueblo a elegir libremente a sus gobernantes.
La zona norte de la capital, conocida como la «Zona Constitucionalista», se convirtió en epicentro de resistencia, donde la población luchó valientemente durante días, enfrentando bombardeos, bloqueos y la ocupación extranjera. La bandera tricolor ondeaba con fuerza entre las ruinas de los combates, como símbolo de la dignidad nacional.
La intervención y el legado
El 28 de abril, Estados Unidos ordenó la ocupación militar del país, bajo el pretexto de evitar una supuesta amenaza comunista en medio de la Guerra Fría. Esta acción fue condenada por sectores de la sociedad dominicana y de la comunidad internacional, que vieron en ella una violación a la soberanía nacional.
A pesar de la desventaja armamentista y logística, el pueblo dominicano mantuvo su lucha firme durante meses. La Revolución de Abril concluyó formalmente en septiembre de 1965 con la firma del Acta de Reconciliación, bajo la mediación de la OEA, que condujo a elecciones en 1966. Aunque Bosch no retornó al poder, la revolución dejó un legado imborrable de valentía, conciencia democrática y unidad popular.
Una memoria que sigue viva
Hoy, la Revolución de Abril de 1965 es recordada no solo como una gesta militar, sino como una epopeya ciudadana por la libertad, la justicia social y el respeto a la voluntad del pueblo. Los nombres de Caamaño, Manuel Ramón Montes Arache, Claudio Caamaño, y tantos héroes anónimos que dieron su vida en las calles de Santo Domingo, siguen presentes en la memoria colectiva de una nación que aprendió que la democracia no se implora, se conquista.
