Ciudad del Vaticano. – En la intimidad de la capilla de Santa Marta, donde decidió vivir desde el inicio de su pontificado, el papa Francisco recibió ayer el último adiós de su círculo más cercano. Empleados, religiosos y figuras del Vaticano se reunieron para rendirle tributo al pontífice argentino, cuyo legado de humildad marcó una era en la Iglesia Católica.
Con un rosario entre sus manos, el cuerpo del Santo Padre reposa en un sencillo féretro de madera con revestimiento de zinc, en cumplimiento de su voluntad de evitar lujos incluso en la muerte. A su alrededor, lágrimas, rezos en voz baja y una atmósfera de recogimiento acompañaron este primer homenaje reservado, lejos de las cámaras y las multitudes.
Vestido con una casulla roja y mitra blanca, Jorge Bergoglio fue despedido por quienes compartieron con él su día a día en la residencia que hizo su hogar. Desde jardineros hasta altos dignatarios, todos tuvieron la oportunidad de despedirse personalmente en pequeños grupos, en un ambiente cargado de emoción.
El papa número 266 de la Iglesia Católica falleció el lunes a los 88 años, tras sufrir un derrame cerebral. Su partida dejó un profundo vacío entre quienes vieron en él una figura cercana, sencilla y profundamente humana.
Desde hoy miércoles y durante tres días, el féretro será expuesto en la Basílica de San Pedro para que fieles de todo el mundo puedan rendir homenaje. El funeral, programado para el sábado, contará con la presencia de jefes de Estado y casas reales.
El presidente de Italia, Sergio Mattarella, fue uno de los primeros en visitar la capilla. “Siento un gran vacío. Francisco fue un referente para mí”, expresó en un comunicado, acompañado por su hija Laura.
Francisco, el Papa que eligió la cercanía antes que los privilegios, se despide ahora rodeado de quienes lo conocieron como líder, pero también como compañero y amigo.
